Movimiento Provida: ¡No cometas este error!

El día sábado 30 de marzo tuve la oportunidad de ir a la marcha por las dos vidas. Fue un momento emocionante ver a alrededor de diez mil personas vistiendo sus pañuelos celestes, levantando consignas que llamaban a defender, cuidar y salvar la vida. Era una marcha alegre, de celebración por el día del niño que esta por nacer. Las declaraciones eran demandas al Gobierno y a la sociedad para que le volvieran a dar un lugar importante a la maternidad. Sin embargo, en medio de estos discursos cargados de consignas en favor de la mujer y su hijo, extrañé dos figuras que son fundamentales en la vida del que no ha nacido: El padre y la familia.



Porque, la mayor parte de los discursos (a excepción de un par) estaban centrados en la mujer, la maternidad y el no nacido. Como si los hijos se gestaran solos, como si no existiera un padre que ama y que sufre con un hijo gestado en circunstancias difíciles. ¿O es que el padre no sufre cuando un niño viene con una inviabilidad fetal, o cuando está en peligro la vida de la madre, es decir, su mujer? Cuántas historias hoy se conocen de padres que tratan de oponerse al aborto de su esposa o polola porque desean y aman a aquel hijo que está en gestación. ¿Y que hay de la familia? Los niños no nacidos tienen abuelos, tíos, primos, ¿Dónde queda el papel que ellos deben cumplir tanto en la vida del bebé como en la de la madre?

El peor error que puede cometer un movimiento provida es ignorar al padre y a la familia, un provida que no comprende cuán fundamental es la figura del hombre y de la familia en ésta lucha, es un provida que ya se tragó el discurso proabortista y está al servicio de este. Antes de que lances la primera piedra, o cierres indignado este artículo por lo que acabo de escribir, te pido que me permitas desarrollar la idea, y que llegues hasta el final de esta reflexión.

El anhelo del movimiento provida no solo consiste en que el aborto no sea legal, ni siquiera en 3 causales, sino que el aborto no sea una opción para la mujer, bajo ninguna circunstancia. Pero para lograr este ambicioso objetivo que nos hemos propuesto necesitamos a los hombres presentes en la lucha provida y no solo para que asistan a las marchas. Sino que necesitamos hombres comprometidos, capaces de comportarse varonilmente, siendo responsables y respetuosos, dispuestos a proteger a la madre y al niño que está por nacer.

He sido testigo de aquel momento en que un papá se encuentra con su hijo recién nacido, el momento en que el hombre entiende la magnitud de la responsabilidad que tiene por delante, y se siente cautivado por un amor que nunca antes había conocido, y que lo cambiará para siempre. Justamente hoy encontré una foto de un papá junto a su pequeña hija en donde él le escribía: “No pensaba que podía sentir un amor tan grande, hasta que te tuve”. El amor del padre es tan tierno y profundo como el de la madre. Y necesitamos que los hombres se levanten con ese amor a defender la vida. Es sabido que más del 90 % de las mujeres con embarazos no planificados y que tienen intenciones de abortar, lo hacen por miedo, coerción y abandono. Entonces, ¿Cuánto podría disminuir el aborto si nuestra sociedad se constituye de hombres que aman de esta manera a sus hijos? Pero cómo podremos animarlos a que ellos se comporten de esta manera, si nuestros discursos están cargados de resentimientos hacia los hombres, como si todos ellos fuesen maltratadores, abusivos y opresores. Cómo podremos alentarlos a que se hagan cargo de su responsabilidad frente a su hijo que está por nacer, si estamos diciendo constantemente que no los necesitamos, que la mujer puede sola, que solo necesita la ayuda del Estado para lograr salir adelante.

No mis queridos amigos, ¡no podemos dejar al padre fuera del discurso! Porque mientras nosotros continuemos posicionando el aborto como una cuestión que solamente afecta a la mujer, lo que hacemos es fortalecer el discurso proabortista: “Que la mujer tiene el derecho de decidir sobre su cuerpo y sobre su propia vida”.



Por otro lado, la familia como núcleo fundamental de nuestra sociedad, también está siendo erróneamente ignorada, pues la familia es la red de apoyo más importante y más efectiva ante una situación de vulnerabilidad. Una mujer que tiene una familia, capaz de ayudar, soportar y contenerla tiene mucho más posibilidades de salir adelante junto a su hijo. Por lo tanto, más allá de exigirle al Estado, políticas públicas que den soporte y ayuda a las mujeres, debemos promover una cultura de la vida que impacte a la familia chilena a tal punto que la dignidad del bebé que está en gestación, y su derecho a vivir esté por sobre cualquier prejuicio o temor al que dirán y que el niño sea protegido por la madre, el padre y toda su familia. Con esto no quiero decir que la políticas publicas no sean importantes o necesarias (en su justa medida), pero creo que la primera red de apoyo de una mujer debe ser su familia, y si la familia no puede ayudarla, en segundo lugar está la sociedad civil y por último, el Estado.

Finalmente, debemos entender que el aborto es parte de una ideología mucho más compleja: La ideología de género. Una ideología que busca la destrucción de la familia, puesto que, en la familia, no solo se cultivan aquellos principios y valores que hacen de nuestro país un lugar mejor, sino que es el lugar donde se resguardan aquellos derechos fundamentales como la vida y la libertad.

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